sábado, 17 de septiembre de 2016

Llamado a ser comunidad misionera


 Fortalezcan sus lazos de comunidad. Sean pacientes y amorosos entre ustedes. Escúchense y aprendan unos de otros.
Recuerden que Jesús está presente en el rostro de cada hermano, los que participan en nuestra comunidad y los que están alejados. Estén atentos a las necesidades de los hermanos.
Como Jesús envió a sus primeros discípulos, también los envía a ustedes a anunciar su Buena Noticia. Salgan a su pueblo, escuchen a los que estén solos, alegren a los que estén tristes, den de comer a los que tengan hambre y den abrigo a los que tengan frío. Practiquen el amor y la misericordia.
Cuando se encuentren con alguien, deséenle la paz y denle la bendición de Cristo.
Habrá dificultades, desánimos y rechazos, pero Jesús está y estará con nosotros. Pidan al Espíritu de Dios que los fortalezca con sus dones.
Den tiempo a la oración. Recuerden que para ser testigos del amor de Cristo debemos tener un oído en el mundo y otro en el Evangelio.


martes, 6 de septiembre de 2016

Martina, sacramento de Dios

Martina es una de las personas más hermosas que conozco y una de las que más me ha acompañado y ayudado a crecer en la fe, quizás sin saberlo. Fue mi niñera y trabaja en casa desde hace 20 años. Es nuestro ángel de la guarda.
Tiene 45 años. Está en pareja desde hace 30 años con Miguel y tienen 5 hijos y varios nietos.
Martina vive muchas situaciones difíciles y siempre es luz. Pone toda su esperanza en Jesucristo. Siempre está alegre. Todo para ella es una buena noticia. Es humilde y se alegra cuando a otros les va bien. Nunca siente celos. Silenciosamente crea lazos de amor, construye situaciones de armonía, de esperanza y de paz. Muchas personas la han defraudado, y ella sigue apostando a esas personas en particular y a los seres humanos en general. Tiene fe en Dios y en los hombres.
Siempre está atenta a quien la necesita. Y lo maravilloso es que no lo hace desde la superioridad de "vos me necesitas, yo te ayudo". Se acerca a compartir, mostrando que las dos personas disfrutan del encuentro.
Valora a cada criatura. Es maravillosa con niños y ancianos, incluso en situaciones muy difíciles.
Es igual de amorosa con todas las personas. No deja a nadie de lado, por su condición social, por como lo etiquetaron los demás, por errores pasados.
No tiene segundas intensiones, no hace reclamos, no espera nada a cambio. Su amor es libre. Cuando se enoja, no lastima, busca la mejor manera de solucionar el conflicto. Perdona y vuelve a perdonar. Se alegra de lo hecho, de lo compartido, sin esperar más.
Con cada gesto vive el amor cristiano y en cada vivencia busca la presencia de Jesús.
Es sacramento de Dios porque nos muestra que podemos ser "buenos y felices", como explica José Arregi, con esa sencillez y esa profundidad, y que esa felicidad sólo es posible si es compartida. Mirando a Martina yo descubrí que Jesús no es una presencia mágica que nos quita los problemas, sino una presencia constante que camina nuestra vida, paso a paso, nos sostiene y nos fortalece.
Sin fe, podemos decir que la vida de Martina es la vida de una buena persona. Sin dudas, llena de valores. Esa es la realidad visible. Pero con fe, vemos la realidad invisible: cada gesto en su  vida es muestra de la presencia amorosa y misericordiosa de Dios.
Martina es unión. Con gestos pequeños, con acciones sencillas, de modo casi invisible, genera unión y diluye situaciones tensas o enojos.
Martina es amor y es bondad, pone su vida al servicio de Dios y de los demás. Su esperanza está en Jesucristo.

“El Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán todas esas cosas.” Mateo 6, 32-33


lunes, 5 de septiembre de 2016

Somos caminates. ¿Por qué?



 La actividad de caminar nos mantiene activos, nos permite cambiar y crecer, descubrir cosas nuevas, conocer nuevas personas, ponernos en perspectiva. Caminar implica un objetivo y un proceso. El estar en camino es siempre construir y siempre perfeccionar. Caminar da cuenta de dos momentos: Es estar ya en... y a la vez, queriendo alcanzar. A donde todavía no llegamos pero ya estamos viviendo.

 Jesús caminaba de pueblo en pueblo, y la gente se acercaba para tocarlo, verlo, escuchar sus enseñanzas. El camino de Jesús fue el anuncio y la construcción del Reino de Dios -que ya está entre nosotros y que, a su vez, estamos llamados a construir. Y su camino final fue el de la entrega y el amor más absolutos. 

  No solamente los seguidores caminaban junto a Jesús, sino que también Jesús caminó junto a su pueblo. Acompañó a los discípulos de Emaús cuando estaban tristes y desilusionados. De la misma manera sigue caminando junto a nosotros. 

  Los misioneros también caminamos. Vamos a otra ciudad o pueblo, salimos a recorrer, golpeamos la puerta casa por casa. Caminamos abajo del sol del mediodía en el verano y en medio del frío del invierno. Caminamos para compartir el mate y la fe con las personas de una comunidad, para vivir la paz y la alegría de Jesús, para conocer a otros y conocernos a nosotros mismos. 

  Sin duda el camino es una imagen profunda para reflexionar sobre nosotros mismos. Vamos recorriendo un camino de vida y también un camino de fe. La idea de este blog es compartir algunas reflexiones y experiencias que estoy haciendo en mi camino de fe, para caminar junto a otros y que nos fortalezcamos al descubrir la presencia de Jesús en medio de nosotros.