lunes, 5 de septiembre de 2016

Somos caminates. ¿Por qué?



 La actividad de caminar nos mantiene activos, nos permite cambiar y crecer, descubrir cosas nuevas, conocer nuevas personas, ponernos en perspectiva. Caminar implica un objetivo y un proceso. El estar en camino es siempre construir y siempre perfeccionar. Caminar da cuenta de dos momentos: Es estar ya en... y a la vez, queriendo alcanzar. A donde todavía no llegamos pero ya estamos viviendo.

 Jesús caminaba de pueblo en pueblo, y la gente se acercaba para tocarlo, verlo, escuchar sus enseñanzas. El camino de Jesús fue el anuncio y la construcción del Reino de Dios -que ya está entre nosotros y que, a su vez, estamos llamados a construir. Y su camino final fue el de la entrega y el amor más absolutos. 

  No solamente los seguidores caminaban junto a Jesús, sino que también Jesús caminó junto a su pueblo. Acompañó a los discípulos de Emaús cuando estaban tristes y desilusionados. De la misma manera sigue caminando junto a nosotros. 

  Los misioneros también caminamos. Vamos a otra ciudad o pueblo, salimos a recorrer, golpeamos la puerta casa por casa. Caminamos abajo del sol del mediodía en el verano y en medio del frío del invierno. Caminamos para compartir el mate y la fe con las personas de una comunidad, para vivir la paz y la alegría de Jesús, para conocer a otros y conocernos a nosotros mismos. 

  Sin duda el camino es una imagen profunda para reflexionar sobre nosotros mismos. Vamos recorriendo un camino de vida y también un camino de fe. La idea de este blog es compartir algunas reflexiones y experiencias que estoy haciendo en mi camino de fe, para caminar junto a otros y que nos fortalezcamos al descubrir la presencia de Jesús en medio de nosotros.  

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