No entiendo a quienes promueven la campaña “Con mis hijos no te metas”. ¿Creerán que no es necesaria la Educación Sexual Integral? ¿Habrán leído la ley 26.150 del año 2006? ¿Y alguno de los manuales a los que se puede acceder desde internet?
Quizás desconozcan que la sexualidad no es algo aparte del resto de la vida. Somos seres sexuados. Todo lo que hacemos, todas las expresiones, la posibilidad de comunicarnos con el mundo, nuestro crecimiento personal lo realizamos como seres sexuados, desde el desarrollo uterino hasta la tercera edad.
Quizás crean el Educación Sexual Integral es sobre cómo tener sexo, cuando se trata sobre nuestro estar en el mundo, nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
Quizás piensen que no es necesaria. Quizás creen que todos podemos construir nuestra identidad de género y nuestra orientación sexual sin problemas, sin presiones, sin estereotipos. O quizás no sepan que la identidad se construye, se descubre, se asume. También que es dinámica. Quizás crean que todos somos totalmente libres.
Quizás nunca se sintieron presionados para hacer o dejar de hacer algo para encajar, por el qué dirán, para demostrar algo a otras personas. Quizás nunca sintieron presión de una persona, de un grupo, de normas morales.
Quizás no sepan que los géneros son construcciones culturales, que incluyen expectativas y mandatos, que habilitan y deshabilitan comportamientos, sentimientos y elecciones, que van cambiando en el tiempo. Y que conllevan relaciones de poder.
Quizás nunca sintieron que no encajaban, que eran diferentes. Quizás nunca se frustraron porque su cuerpo no es el ideal de las publicidades. Quizás nunca sintieron vergüenza.
Quizás nunca se sintieron desconcertados y violentados por una palabra, una actitud o un contacto. Quizás nunca sintieron que no se podían defender, que no sabían qué hacer, que no podían contarle a nadie lo que les pasaba.
Quizás piensen que las personas que no encajan en la identidad de género que se les asignó al nacer o en el patrón heterosexual es porque se confundieron, porque leyeron cosas raras, porque alguien se los inculcó.
Quizás no crean que sea importante educar para el respeto al propio cuerpo, al cuerpo del otro, a la diversidad.
Quizás no sepan que sexualidad no se restringe a la genitalidad, pero la incluye. Y ahí también es necesario educar.
Quizás crean que todas las personas conocen su propio cuerpo (que nunca es igual al modelo de los libros), el funcionamiento de los métodos anticonceptivos y la prevención de enfermedades de transmisión sexual y que pueden elegir sin condicionamientos de ningún tipo cuál usar -ni informativo, ni económico, ni familiar, ni de la pareja.
Quizás siempre se sintieron respetados en sus decisiones. Quizás siempre se sintieron valorados en integridad personal.
Quizás no sepan que a veces la violencia se expresa en el sexo; que a veces las relaciones sexuales se usan para poseer egoístamente, para satisfacer los propios deseos ignorando el bienestar del otro, para destruir. O tal vez creen que todos saben defenderse en estas situaciones, pedir ayuda, hablar.
Quizás no consideren importante educar para reconocer y valorar el propio deseo, para decir que sí o que no. Y para escuchar y respetar el deseo del otro. Para que los encuentros sexuales sean de respeto, sin presiones, previnieron embarazos no deseados y enfermedades, y con placer.
Quizás no crean que es importante que el Estado garantice esta educación, y piensen que cada uno debe arreglarse como pueda. O tal vez crean que hay una única verdad, y que no es posible enriquecernos con diferentes puntos de vista, de acuerdo a creencias y elecciones variadas.
Quizás piensen que todo está bien como está y no hace falta mejorar nada.
¿De qué estarán defendiendo a sus hijos?

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